Yo era la clásica que decía: "todos son iguales...". Y sí, por lo general así lo es, si es que hablamos fisiológicamente, pero no por eso aceptaremos que alguien diga : "todas las viejas son iguales..." porque no lo somos. No señor.
Resulta que cuando una es pequeña siempre ve a su padre como la máxima figura masculina, yo pensaba que mi papá tenía superpoderes porque "adivinaba" lo que pensaba. Todo lo que el señor hacía me sorprendía y me daba tanta seguridad... (sonido de disco rayado) hasta que un día me di cuenta de que no era mas que un humano, así es, un humano como cualquier otro, sin superpoderes, de carne y huesos, un humano que cagaba y la cagaba, un humano que podía traicionar...
Yo sé que esas cosas a mi no me deben de importar porque, finalmente, no me lo hizo a mí directamente, pero eso de poner los cuernos me traumó para siempre y entonces, a mis 16 años me di cuenta de que si la persona que era mi máximo lo hacía, cualquiera lo podía hacer.
Cada vez que tenía una relación me dejaba llevar por lo que me decían, me bajaban la luna, las estrellas... y los calzones... y era lógico porque las palabras de todos esos pelafustanes parecían tener tanta coherencia... me hubiera gustado grabarlos para morirme de risa cada 10 minutos. Pero la culpa siempre fue mía. Si yo decía que todos eran iguales, ¿cómo chingados llegué a pensar que había encontrado a un Príncipe Azul?
Tengo 27 años y apenas descubrí que no hay Príncipes... cualquiera pensaría que estoy descepcionada y que aún me arde lo del Principuto, pero no es así. Es apenas que me he dado cuenta de que no soy una princesa como las de Disney, yo también soy humana, tomo cerveza, como tacos al pastor, tengo 5 kilos de más y eructo los nombres de mis amigos. Entonces no me sirve de nada buscar a un Príncipe, necesito un hombre de verdad, uno que no se llene la boca de promesas que no cumplira sólo para tenerme en su cama, que cometa errores y tenga defectos como yo, que no se crea indispensable pero que sepa lo importante que es para mí, que me respete.
Mi manera de pensar está cambiando y el mundo parece menos complicado y aburrido...
No todos los hombres son iguales y ya no los odio, no sé qué haría sin ellos.

